Las regatas de botes de vela latina en Las Palmas de Gran Canaria a principios del siglo XX.

El presente artículo complemente aquel que se publicó en el blog el 9 de mayo de 2016 "De la Marfea al Boyón de la Campana. Y 2 .- Los botes de vela latina canaria.", ahondando en aquella emergente primera década del siglo XX en la que tanto se desarrolló la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria.

Las primeras regatas del siglo.

La prensa local se hace eco, en 1894, de la inquietud para la creación de un Club de Regatas, al estilo de algunos que ya funcionaban en la península y de igual modo se publicaban notas acerca de la celebración de regatas informales durante las fiestas de San Pedro Mártir.

El 15 de octubre de 1900 el periódico “Diario de Las Palmas”, en su primera página, da como ganador del primer premio de la regata organizada por la Comisión de las fiestas de La Naval a don Matías Reina, con su bote a vela. Dicho bote bien podría ser el “Número Tres” o “Rafael”, folio 341 de la lista cuarta de la matrícula de Las Palmas, bote de recreo con aparejo de balandro construido por don Manuel Márquez en 1895 y cuyos propietarios eran don Matías Reina y los otros cinco prácticos del Puerto de La Luz en aquella época. La embarcación tenía una eslora de 6.60 metros, 1.80 metros de manga y 0.67 metros de puntal.

La inquietud por el “Sport Náutico” crecía y según refleja el “Diario de Las Palmas” de fecha 30 de octubre de 1902, se constituyó aquel año la Junta Organizadora de la “Sociedad de Recreo y Club de Regatas de Santa Catalina” cuyo presidente era don Agustín Motas, siendo el presidente del Club de Regatas don Matías J. Reina y Lorenzo, gran animador de la vida náutica de la ciudad.

Durante 1903 se generaliza la inclusión de regatas de embarcaciones menores, de remo y de vela, en las fiestas locales más relevantes de los asentamientos costeros de la Isla de Gran Canaria.  Así se tiene constancia de la intención de realizar competiciones en Mogán, Agaete, San Cristóbal y en las fiestas de San Pedro Mártir, en Las Palmas de Gran Canaria: las calificadas como novedosas regatas de botes organizadas por la recién creada “Sociedad Santa Catalina”. Según el periódico “Diario de Las Palmas” de fecha 15 de abril de 1903, la citada Sociedad programó, con anterioridad a las fiestas, para el día de la Ascensión, el 21 de abril de 1903, regatas de “yates a la vela”, de “pequeñas embarcaciones a la vela”, de “canoas al remo”, de “bote con seis remos”, de “bote con cuatro remos” y de “chalanas”, con una curiosa referencia para estas últimas, “ganando la última que llegue”, guiño lúdico que destacaba la informalidad de unas competiciones en las que, sin embargo, se premiaba a los vencedores con dinero en metálico. 



Foto del “Agustín”, propiedad de Don Francisco Morán, construido en 1903. Periódico “La Provincia” de 23 de junio de 1981. Artículo de Juan Cabrera Santana, “Baluma”, “El nacimiento de los botes”.

En aquella ocasión las regatas de botes a vela las gano el que lucía el folio 714, patroneado por don Francisco Dávila, que ganó un premio de 75 pesetas. El bote 714 se llamaba “Joven Luisa”, fue construido en 1903 por el carpintero de ribera don Juan Frugoni y medía 5.80 metros de eslora por 1.75 metros de manga y 0.95 metros de puntal. Las regatas de botes a remo las ganó el bote folio 588, el “Joven Miguel”, que guiaba don Tomás Reyes, una embarcación de 7.80 metros de eslora construido por el maestro carpintero don José Acosta en 1901.

El día 24 de julio de 1904, a las 12 horas, en el marco de las fiestas patronales del barrio de San Cristóbal, se celebró la regata que ha sido considerada como el origen de la vela latina canaria. El recorrido partía de La Puntilla en San Cristóbal, para llegar al Muelle de Las Palmas con vuelta a la meta situada en las inmediaciones del Castillo de San Cristóbal. Sólo podían participar en la competición los barquitos (barquillos) de ese Distrito y un bote de la rifa denominado “San Cristóbal”. Teniendo en cuenta los vientos predominantes en verano, los vientos alisios de componente N o NE, se pretendía realizar un recorrido que constaba de una ceñida y una empopada. En la fiesta de 1905 ya participaron 14 embarcaciones, prueba del creciente auge de la afición a los deportes náuticos en la ciudad.



Hoja de asiento del único bote que participó en la regata considerada como origen de las competiciones de botes de vela latina canaria, en 1904, el resto de las embarcaciones eran barquillos. Fuente: Archivos de la Capitanía Marítima en Las Palmas.

El 22 de febrero de 1905 se celebraron varias regatas, con motivo de la visita al puerto de la Escuadra española de buques de guerra, al mando del Almirante Lazaga, hecho que fue un verdadero acontecimiento en la ciudad. Navegaron las embarcaciones auxiliares de los buques y algunas embarcaciones de recreo locales. El recorrido fue de ida y vuelta desde la cabeza del muelle Santa Catalina hasta una boya denominada del “telégrafo” para las embarcaciones de remo y hasta el muelle de San Telmo para las de vela, recorrido que no obstante fue modificado en el último momento por haber barcos fondeados en la bahía. Participaron botes de los buques de 16, 12 y 8 remos y canoas de 7 y 8 remos y de 5 y 6 remos. Los balandros a vela locales, que participaron, fueron el “Rafael”, el “María del Carmen” y el ya citado bote número 714 invirtiendo en el recorrido 1 hora, 7 minutos y 20 segundos, 1 hora 9 minutos y 58 segundos y 1 hora, 11 minutos y 56 segundos respectivamente, siendo esta la primera vez que se publican los tiempos empleados en completar el recorrido de una regata. 



Probablemente la primera foto de una regata de botes de vela latina, 22 de febrero de 1905, aunque su presencia no tuvo relevancia en los periódicos de la época. Ver el artículo del blog “Puerto de La Luz. 1905. La Escuadra del Almirante Lazaga y el inicio del Yachting en Las Palmas”. Foto 95166. Colección José A. Pérez Cruz. Fotos Antiguas de Canarias. Fedac.

Parece que fue en 1906 cuando se empezaron a realizar con cierta asiduidad regatas exclusivamente en recorridos contra el viento, en bolina o ceñida, entre distintos puntos del litoral este de la ciudad. Aparecen las apuestas y la prensa local muestra interés por las competiciones.

Para el 24 de junio se programaban regatas entre el barrio de San Cristóbal y el Puerto de La Luz, con apuestas. El 29 de junio del mismo año se verificaron regatas entre los botes de don Francisco Morán y don Ignacio Betancor, ganando el primero, siendo esta la primera referencia documentada de las regatas “casadas”, es decir bote contra bote en un recorrido fijo. El 1 de julio se programaba otra regata entre el bote de don Francisco Morán y el conocido como “La Fortuna del Indio” entre la playa de San Cristóbal y el muelle del Puerto de La Luz y de allí hasta la playa del Sebadal, regata que ganaría el primero, programándose otra competición para el siguiente domingo.

El 8 de julio se pretendía verificar una regata entre los botes de don Antonio Cabrera y don José Bethencourt entre la playa de La Laja y el muelle de Santa Catalina. El periódico “Diario de Las Palmas” de 26 de septiembre de 1906 dedica los dos párrafos siguientes a las regatas: “En las regatas de botes verificadas ayer entre los de D. Francisco Morán y D. Rafael Martín, desde la playa de la Marfea al Hotel Metropole, resultó vencedor el del primero llegando al punto treinta y cinco minutos antes que el del Sr. Martín.”  “Se cruzaron apuestas de importancia entre los dueños y partidarios de ambos botes.”. Se puede afirmar que esta es la primera referencia publicada en prensa de la elección de la Marfea como el punto elegido para la salida de las regatas. La Marfea era parte de la costa acantilada situada al sur de la playa de La Laja. La orografía de aquella zona, milagrosamente, creaba condiciones inmejorables no sólo para permitir la salida de las embarcaciones, ya que la influencia de las paredes rocosas azocaba las zonas aledañas, sino además era un lugar perfecto para presenciar la salida de las mismas desde la parte superior de los acantilados.

La creación de una carretera de segundo orden desde Las Palmas hasta Telde originó que se realizara, entre el año 1863 y 1864, un túnel, el mayor construido por aquellos tiempos, de 100 metros de largo, 5 de ancho y 4.30 metros de alto, revestido de mampostería en los dos frentes, al que popularmente se le conoció como el “Túnel de Telde”. La presencia de aquella carretera fue determinante en el aumento de popularidad de las competiciones, los aficionados podían contemplar las evoluciones de sus embarcaciones desplazándose por la carretera de Telde en todo tipo de vehículos y contemplaban las emocionantes salidas aparcando en las inmediaciones del Túnel de Telde en carros, tartanas y todo tipo de vehículos.

El bote más famoso de la época, el “Agustín”, era propiedad de don Francisco Morán García, fue construido en 1903 y tenía las siguientes dimensiones principales: 5.22 metros de eslora, 1.67 metros de manga y 0.60 metros de puntal, fue valorado en 325 pesetas y registrado con el folio 730 de la lista cuarta de la matrícula de Las Palmas el 6 de agosto de 1903. 


El casco del “Agustín”, uno de los primeros botes de vela latina construidos para regatas. Juan Cabrera Santana, “Baluma”, identifica la primera regata casada el 26 de julio de 1906, fecha cercana a la que se documenta en esta entrada. En su artículo de 23 de junio de 1981, en el periódico “La Provincia”, titulado “El Nacimiento de los botes” con el subtítulo “San Cristóbal, cuna indudable de la vela latina” establece, esgrimiendo razones más sentimentales que técnicas, como origen oficial para el vernáculo deporte el 24 de julio de 1904, fecha en la que se celebró una regata de barquillos enmarcada en las fiestas del barrio marinero de San Cristóbal, y que fue adoptada por la Federación de Vela Latina Canaria de botes posteriormente como "el origen de la vela latina".

Hasta 1909 las embarcaciones de regatas se hicieron de eslora inferiores a cinco metros y medio, parece que el “Agustín” se tomó como modelo y el resto de los botes construidos tenían dimensiones similares al bote de “Morán”. A partir de aquel año se construyeron embarcaciones de regatas cuya longitud rondaba los 5.80 metros.

En 1907 la prensa se hacía eco de la visita de una comisión de varios interesados en las regatas al Delegado del Gobierno quejándose del incumplimiento de alguna de las condiciones pactadas para el concurso, remitiéndose a los mismos al Comandante de Marina para la resolución de sus problemas. Más que probablemente la fuente de aquellas discrepancias, que no se aclaraban en la prensa, estuviera relacionada con los premios en metálico que se jugaban o con las apuestas que se cruzaban por parte de los aficionados.

En lo que respecta a las competiciones de aquel año, 1907, el 22 de julio se celebraron regatas con un recorrido comprendido entre San Cristóbal y el Puerto de La Luz, siendo la nada desdeñable cifra de 14 embarcaciones las participantes, incluso una de Tenerife, ganando el bote de don Francisco Morán, el “Agustín”. El 9 de septiembre se verificó una nueva regata, en un recorrido entre La Laja y el Muelle de Las Palmas, entre los botes de don Francisco Morán y de don Benjamín Domínguez, el “Joven Antonio”, según cita la prensa. 

El 22 de septiembre se botaría al agua un nuevo bote, el “Doctor Chil” y el 6 de octubre se tiene constancia de la celebración de nuevas regatas. El sábado día 12 del mismo mes compiten de nuevo los botes de don Francisco Morán y de don Benjamín Domínguez con victoria de este último. Al día siguiente se celebran competiciones entre San Cristóbal y el Puerto de La Luz.

El bote “Joven Antonio” figuraba en el registro de Buques como “Joven Antonia” y estaba inscrito con el folio 858 de la lista cuarta, fue construido por don Manuel Bernardo Cabrera, carpintero de ribera de Las Palmas, en 1907 y sus dimensiones eran 5.20 metros de eslora, 1.77 metros de manga y 0.70 metros de puntal.

En junio de 1908 se convocan nuevas regatas. El 21 del mismo mes gana el “Doctor Chil” una regata desarrollada entre La Laja y el Muelle de Las Palmas. El periódico “Diario de Las Palmas” del martes, 14 de julio de 1908, narra lo siguiente: “…Sin exageración puede decirse que tres mil personas presenciaron el domingo por la tarde desde el muelle y la playa de esta población las anunciadas regatas de botes a la vela. El muelle de Las Palmas parecía una piña humana cuando llegó el bote vencedor…”. Para el 19 de julio, según reza el “Diario de Las Palmas” de 17 de julio se convocan nuevas regatas: “El domingo próximo volverá a haber regatas de botes a la vela entre la desembocadura del barranco de Telde y el Muelle de Las Palmas. Se han cruzado apuestas considerables entre los dueños y partidarios de los botes Doctor Chil e Inocente, reinando mucho entusiasmo.” La regata se aplazó al día 26 y se había concertado una apuesta de 1000 pesetas. Sin embargo, el “Diario de Las Palmas” del día siguiente incluía la siguiente nota: “Ayer tarde no se verificaron las regatas de los botes de los señores Moran y Estévez por dificultades surgidas a última hora respecto a la fianza convenida. No nos parece bien que se anuncien estos espectáculos, se haga acudir al público, que hace gastos, y a última hora se dejen en suspenso.”. El mismo rotativo, el día primero de agosto redundaba: “…A este efecto, antes de hacerse públicas y señalar día, deben ultimarse todos los detalles sin dejar nada pendiente para el momento preciso en que las regatas han de verificarse, por lo que cualquier diferencia que surja entonces puede interrumpir el acto y como consecuencia dar un plantón al público que ha confiado en la promesa hecha por personas consideradas lo suficientemente veraces para dar crédito a sus palabras. Aparte de que no se puede jugar con un pueblo, redunda en perjuicio de ese sport marítimo las informalidades que se cometan y colocan en situación desairada a cuantos en el mismo intervengan…” “…En las regatas sólo existen como obstáculos que las interrumpan, después de hechas públicas, el estado del mar y la falta de viento…”

La afición ha crecido tanto que el 14 de agosto el periódico “Diario de Las Palmas” publica una nota que textualmente reza: “Por la Delegación del Gobierno se ha encargado a la guardia civil ejerza la vigilancia conveniente para evitar que con motivo de las regatas de botes anunciadas para mañana se aglomeren coches y tartanas en las cercanías del túnel de Telde, como ha ocurrido otras veces, promoviendo escándalos e interceptando el paso”, regatas aquellas que con motivo de la fiesta del barrio de Arenales, en honor a la Virgen de Las Nieves, iban a celebrar el día 15 los botes “Agustín” (o el “Joven Agustín”, según la prensa) y el “Doctor Chil” en un recorrido entre el barranco de Jinámar y la plaza del Ingeniero. La regata la ganaría el bote “Agustín”.

El 13 de octubre de 1908 y al relacionar los actos conmemorativos de las fiestas de “La Naval”, el “Diario de Las Palmas” cita: “…En la bahía del Arrecife se verificaron las regatas anunciadas, con gran animación. Se presentaron más de cincuenta embarcaciones. En la regata de botes a la vela obtuvo el premio el Almirante, de D. Segundo Medina; en la de barquillos de pesca fue premiado el que es propiedad de D. Francisco Herrera, y en la de botes al remo ganó el San Amaro, de D. José Macías. Las regatas de chicos en botecillos de latón resultaron muy interesantes…”. Sobre todo, durante el verano, la afición por los deportes náuticos había llegado a la playa del Arrecife o de Las Canteras, ya que a las familias residentes por la zona se les unían los veraneantes de Las Palmas. En las someras aguas de la playa, aprovechando la protección que brindaba el Arrecife, se celebran regularmente competiciones de todo tipo, de acuerdo con la prensa: de balandros, botes, barquillos de pesca, de botes patroneados por señoritas, botes de latón, etc. Las embarcaciones que navegaban en aquellas aguas solían ser menores que las que regateaban en el litoral Este de la ciudad, a modo de ejemplo, el “Almirante”, folio 849 de la cuarta lista, construido en 1907 por su dueño y ganador de la regata de aquel año, tenía sólo 4.50 metros de eslora.

En octubre se programa una nueva “pega” entre los botes “Inocente” y “Doctor Chil”, a realizar entre el barranco de Jinámar y la primera boya del Puerto del Refugio existiendo una apuesta de 1000 pesetas de la época. Se desconoce si al final se realizó aquella regata.

Al bote “Doctor Chil” le fue asignado el folio 859 de la cuarta lista de la matrícula de Las Palmas, tenía 5.40 metros de eslora, 1.60 metros de manga y 0.68 metros de puntal, fue construido por don Francisco Solís Lorenzo (conocido posteriormente por la construcción de botes en los años 30) siendo su propietario don Agustín Estévez. El bote “Inocente”, folio 884 de la cuarta lista de la matrícula de Las Palmas era propiedad de su constructor, el mismo carpintero de ribera don Francisco Solís Lorenzo, fue construido en 1907 y sus dimensiones eran 5.42 metros de eslora, 1.63 metros de manga y 0.76 metros de puntal.


Entra en escena el Real Club Náutico de Gran Canaria.


 

El flamante Real Club Náutico de Gran Canaria, inaugurado en 1909. Foto 2659. Fedac. Fotos Antiguas de Canarias. 

El año 1909 se inaugura el edificio del Real Club Náutico de Gran Canaria, organizándose por este motivo la histórica y primera regata, en mar abierto, entre Las Palmas de Gran Canaria y Santa Cruz de Tenerife, competición en la que participaron los balandros “Chance”, “María”, “Rafael” y “María del Carmen”. El 7 de mayo de 1909 se publica en el “Diario de Las Palmas” un Reglamento para las regatas a celebrar el día 9 del mismo mes, con motivo de la inauguración del Club, “…Las regatas se verificarán en triángulo, formándose éste por un bote situado frente al Guiniguada, que será el límite sur; por otro al naciente y un tercero al norte, en sitio que previamente se designará y que será á la vez el punto de partida. Todos los botes que intervengan en dichas regatas quedan obligados necesariamente a cruzar por fuera de los botes que forman el triángulo y a marchar en la misma dirección, que será la derecha, es decir, hacia el sur. El recorrido será aproximadamente de unas ocho millas. La hora de salida la fijará el Jurado, pero los botes deben encontrarse cerca del edificio del Real Club a las dos de la tarde del citado día nueve. El Jurado lo formarán el Sr. Comandante de marina de esta provincia, o un delegado suyo, como Presidente, y los Sres. Don Manuel Reina Pérez y D. Juan Bethencourt.”. Como se puede apreciar se propone una regata de triángulo, en la que se deben completar diversos tramos con diferentes ángulos al viento. Participaron cinco embarcaciones y aunque en el “Diario de Las Palmas” de 7 de mayo de 1909 enumeraba los participantes: “…Los botes que tomarán parte en las regatas del domingo próximo, en esta bahía, son los siguientes: Agustín, del Sr. Morán, Joven Antonio de don Benjamín Domínguez, Doctor Chil, de D. Agustín Estévez, La Mañana, de D. Bernardino Pérez e Inocente, del Sr. Solís…”, el mismo periódico, el día siguiente refería: “…Los botes de vela fueron muy aplaudidos al llegar. Cinco figuraron en el match, y la victoria fue para el Cangrejo, una cascara de nuez que volando más que el viento, cortaba con su quilla gallardamente el mar. Obtuvo el primer premio…”. Más que probablemente aquella denominación de “Cangrejo” correspondía a un alias o mote con la que de un modo coloquial se denominaba a una de las embarcaciones participantes.

En junio del mismo año el Club organiza las primeras regatas de botes con carácter regular, durante cinco domingos seguidos, siendo la salida desde el Real Club Náutico. El rotativo “Diario de Las Palmas” publicaba una carta de don Francisco Morán fechada el 7 de aquel mes, que rezaba: “Visto el entusiasmo que reina en los aficionados a las regatas de botes, los partidarios del de Moran, están dispuestos a proponer una en la siguiente forma. Reunirse los patrones de los botes Dr. Chil, Inocente, La Mañana, El Cangrejo y San Agustín; depositar cada uno 50 duros en el Presidente del Club Náutico, y efectuar la regata; saliendo del Puerto de La Luz, dando vuelta a la meta, que se colocará frente al túnel, volviendo al punto de salida. El premio de mil pesetas, para el primero que llegue, y las 250 restantes al segundo. La referida regata, tendrá efecto el domingo próximo 13 del corriente. Al convenir en las condiciones expuestas, nos reuniremos, el jueves a las tres de la tarde, en el Club Náutico”.

Una vez celebrado el concurso, el periódico “Diario de Las Palmas” del día 14 de junio incluía un artículo que reproducimos íntegramente: “Ayer fue un día de animación extraordinaria en este puerto de refugio. Todos los buques y edificios hallábanse empavesados por la fiesta que la Asociación de navieros celebraba en todos los puertos de España con motivo de la aprobación de la ley de comunicaciones marítimas. Las regatas de botes a la vela anunciadas, habían despertado un gran interés. Miles de personas las presenciaron desde las playas de esta población siendo verdaderamente enorme la aglomeración de gente en los muelles de Las Palmas y Santa Catalina. Las regatas, como hemos dicho, habían despertado extraordinario interés. Tomaron parte en ellas los botes de Moran, Inocente, Dr. Chil, La Mañana y Cangrejo. El paso de las pequeñas embarcaciones, que maniobraban gallardamente, fue presenciado, repetimos, por algunos miles de personas. A la meta llegó el primero, el bote de Morán, que ganó el primer premio de mil pesetas. Al entrar en el puerto con dirección al Club Náutico fue ovacionadísimo. Lo patroneaba D. Rafael Marrero. Se dispararon muchos cohetes y se le dieron vivas. La victoria del bote de Moran despertó entre sus numerosos partidarios un entusiasmo delirante. En segundo lugar, llegó el bote Inocente, patroneado por D. Miguel Armas, que obtuvo el premio de 250 pesetas. El tercero fue el Dr. Chil, que patroneaba D. Rafael Martin. Todos fueron muy aplaudidos. El movimiento en la carretera fue asombroso toda la tarde. Cruzaban continuamente los cuatro tranvías a vapor y centenares de carruajes, siempre atestados de gentes. En el Club Náutico también hubo extraordinaria animación. Las terrazas se vieron muy concurridas y la orquesta ejecutó un escogido programa.” La regata referida se celebró en un recorrido de ida y vuelta comprendido entre el Puerto de La Luz y el Túnel.



Regatas de botes en el año 1910 o 1911 en el Puerto de La Luz. Revista “Canarias Turista”. Museo Canario.

La presencia de una entidad como el Real Club Náutico significaría un giro en la realización de las regatas de botes. El Club asume la gestión de la mayoría de las competiciones dándole a las mismas un rigor del que carecían anteriormente. Con anterioridad se prodigaban no sólo discrepancias relacionadas con las condiciones pactadas previamente a las regatas, como hemos citado, sino que además era común que existieran diferencias o roces entre los contendientes justo antes de la salida. Se intentaba que las salidas fueran equilibradas y justas, pero no siempre se conseguía, estos problemas podían provocar la no realización de las pruebas lo que originaba el consiguiente enfado del público que presenciaba las mismas y que en muchos casos invertía parte de su dinero en las apuestas. El nacimiento del “Club” acerca a la ciudadanía de la ciudad al mar y al disfrute del mismo a través de los deportes náuticos, serán años en los que se multipliquen las actividades acuáticas de todo tipo, no sólo la vela en sus distintas modalidades, sino el remo, la natación, etc. La afición crece no sólo entre las personas de condición social acomodada, también el pueblo llano gusta de ver las embarcaciones en la mar y disfruta con las evoluciones de los veleros.

En lo que respecta a lo deportivo, el 4 de julio se celebra una nueva regata organizada por el “Club” con victoria para el bote de Morán. El domingo día 11 de julio se intentó verificar otra “pega” que resultó polémica, a tenor de lo narrado en el periódico “Diario de Las Palmas” del sábado siguiente, artículo que por su interés transcribimos textualmente: “Sr. Director del DIARIO DE LAS PALMAS: Muy distinguido señor mío: siempre fui enemigo de exhibiciones; pero lo ocurrido el domingo último con motivo de la regata concertada entre los botes La Mañana ó Inocente, me obliga á suplicar á V. dé cabida en las columnas del periódico de su digna dirección a las presentes líneas, para que el público conozca la verdad de lo ocurrido. El bote Inocente, de que tengo la honra de ser patrón, desde que llegó al punto de partida, soltó la vela y puso proa al viento, en espera de que La Mañana se colocase en el sitio que le correspondía. Este bote comenzó a dar vueltas y a hacer maniobras a placer hasta que le vino en gana acercarse para pegar; y entonces lo hizo por delante, y sobre la mura derecha del Inocente quien, con el cabeceo que la mar producía, enganchó la escotera sobre el espejo de La Mañana, causándose una avería, consistente en la rotura de la cinta y el levantamiento de dicha escotera. En el mismo momento el patrón de La Mañana dio al Inocente un empujón para atrás y emprendió la marcha, sin hacer caso de la Comisión que iba en una falúa, la cual le llamaba para resolver el asunto. Tal avería impidió al Inocente regatear; por lo que arrió la vela y pidió remolque a dicha falúa, que lo condujo al interior del Puerto de La Luz. Lo ocurrido obedece únicamente á las marrullerías y mala fe de quien nunca ha tenido otra habilidad que perder todas las regatas en que toma parte, y que el domingo, la evidencia, y quizá el propio instinto de conservación le obligaron á poner en práctica todos los medios para conseguir que la regata no se verificara. Debo también hacer constar que el representante del bote La Mañana, don Domingo Quintero, me manifestó el sábado que el iría en dicho bote a la regata y que su patrón no haría más que obedecer las indicaciones que él le hiciera. El domingo por la mañana estuvo el Sr. Quintero en el muelle de Las Palmas, dispuesto a embarcarse, y se embarcó en La Mañana; pero a la hora de salir para el punto de salida, o sea, para la desembocadura del Barranco de Jinámar, el propio señor se arrepintió de ir en el bote, y se quedó en tierra pretextando que estaba mareado. Ahora yo, en mi nombre propio y autorizado además por los partidarios del Inocente, propongo a los de La Mañana una regata para el día que se acuerde, así que esté reparada la avería relacionada, con las mismas condiciones, excepto la de la forma de empezar la carrera, para la que se adoptarán todas las precauciones necesarias para evitar la repetición de sucesos desagradables y de la índole del que nos ocupa, en el que no me cabe la más ligera responsabilidad puesto que mi bote no se movió del punto señalado desde que llegó; y con la cantidad de dinero que quieran siempre que no sea inferior a 500 pesetas. Perdone V. señor Director, la molestia que con el presente pueda causarle y anticipándole las más expresivas gracias quedo a sus órdenes como su mas atto.s.s.q.s.m.b.”

Durante el verano se siguen realizando regatas “casadas” o “bote contra bote” y el día 8 de agosto de 1909 el bote “La Mañana” le ganó al “Inocente” obteniendo la nada despreciable cifra de mil pesetas de la época. El 5 de septiembre del mismo año el bote “La Amistad” gana al bote “La Mañana” adjudicándose el premio de 500 pesetas. Se tiene referencia, además, de la intención de realizar regatas el 28 de noviembre de 1909 basadas en una apuesta de 250 pesetas, competición que se iba a realizar entre la Playa de Jinámar y la Plaza del Ingeniero León y Castillo pero no se tiene constancia de que se al final se celebraran. 

El 27 de mayo de 1910 se publica en el “Diario de Las Palmas” el siguiente desafío: “Don José Alonso, representante de los dueños del bote Amistad del Puerto de La Luz, nos ruega hagamos público que no es posible realizar la regata de botes en las condiciones que se han propuesto en el periódico La Mañana y sin perjuicio para nadie propone realizar las regatas bajo las condiciones siguientes: 1º En concurso los tres botes de Las Palmas Perojo, La Mañana y Dr. Chil con la Amistad, con premio de 250 pesetas por cada uno, y las 1.000 pesetas, serán entregadas al vencedor. 2º La Amistad regateará tres domingos consecutivos con cada uno de los botes ya mencionadas, ó sean Mañana, Dr.Chil y Perojo con la apuesta de 500 pesetas cada regata, que precisamente percibirá el vencedor al terminar cada una de ellas. 3º La Amistad está dispuesta á regatear con cualquiera de los botes ya indicados y con la apuesta de mil pesetas. 4º La Amistad propone también regatear con Ios tres botes ya repetidos con la apuesta de 1.500 pesetas, depositando entre los tres 1.000 pesetas y la Amistad 500, serán entregadas al primero de los cuatro botes que llegue a la meta de la regata, las 1.500 pesetas. Bajo estas condiciones -concluye diciendo el Sr. Alonso-, creemos que nuestros adversarios no tendrán motivo para evadirse, teniéndonos a su disposición para concertar en definitiva.”.

El día 5 se concertó una regata casada entre el “La Amistad” y el “Perojo” con victoria para el primero. La embarcación “La Amistad”, folio 952 de la cuarta lista de la capital, era un bote construido por el carpintero de ribera Don Juan Marrero en 1909, siendo su dueño era Don Sebastián Dámaso Sosa, sus dimensiones eran 5.84 metros de eslora, 1.74 metros de manga y 0.68 metros de eslora. El “Perojo”, folio 939 de la cuarta lista de la matrícula de Las Palmas era propiedad de Don Mario Pons Villavicencio, fue construido en Las Palmas en 1909, tenía una eslora de 5.80 metros, una manga de 1.79 metros y un puntal de 0.85 metros. Su valor era de 225 pesetas. Es evidente, a la vista de las dimensiones de los botes, el intento de homogeneizar las medidas de las embarcaciones con el fin de que las regatas fueran igualadas.

El domingo siguiente el “Villaamil” gana al “Perojo” en regata “casada” entre el barranco de Jinámar y el Puerto de La Luz.

El 8 de julio de 1910 el Comandante de Marina de la Provincia y Capitán de los Puertos de La Luz y Las Palmas, Don Rafael M. Navarro, emite el curioso edicto que a continuación se reproduce: “Hago saber: que en previsión de accidentes desgraciados que pudieran ocurrir en el hecho de utilizar para voltejeos, los botes denominados “de recreo” preparados y autorizados para regatas y de delicado manejo por el aparejo especial que llevan, queda prohibido desde esta fecha el voltejear en ellos y si solo utilizarlos en el cometido a que están destinados, lo que se verificará siempre con anuencia de esta Capitanía teniendo en cuenta el estado del tiempo y con las precauciones y debida.” Se supone, a la vista de la orden, que los botes de regatas no se utilizaban sólo para las mismas, sino también para usos más lúdicos y desenfadados y por lo que se puede intuir, hasta peligrosos. 



Los botes de regatas eran embarcaciones que evolucionaron en las primeras décadas del siglo XX en el entorno del Puerto de La Luz, que es donde tenían protección y facilidades para la varada. En casi la totalidad de las regatas “casadas” se elegía un punto del litoral situado al sur, casi siempre al sur del barrio de San Cristóbal como salida y un punto en o al norte del Muelle de Las Palmas como llegada. Los concursos que se hacían en empopada y en ceñida tenían su salida y llegada dentro del refugio que proporcionaba el Puerto de La Luz. Detalle de foto de la colección Juan Garrido López.

En aquel año también se tiene constancia de la realización de desafíos entre el bote “La Amistad” y el “Doctor Chil” (el 18 de septiembre, entre la playa de Jinámar y la primera boya de Santa Catalina, con victoria del primero) y entre el “Cedrón” y el “Doctor Chil”.

No se tienen referencias de la realización de regatas en 1911 hasta bien entrado el año. El 13 de agosto, en regata casada, el “Doctor Chil” gana al “Cedrón”. El 7 de septiembre de 1911 el “Diario de Las Palmas” publica íntegramente las reglas para la realización de una regata de botes organizada por el Real Club Náutico a celebrar el día 10 de septiembre, denominándola “regata-concurso”, evidentemente por la condición de ser varios candidatos los que optaban a un premio, dividiendo por primera vez las embarcaciones en dos grupos según su eslora, “…Procurando asimilar los tamaños de los botes que concurran, se divide la regata en dos series. Primera serie: Botes desde diez y nueve pies de eslora máxima en adelante. Segunda serie: Botes de eslora máxima inferiores a diez y nueve pies.”. Como podemos comprobar la eslora “límite” se fijaba en 5.80 metros. El recorrido estaba definido de la manera siguiente, “trece millas, ó sea desde la línea imaginaria que prolonga el dique de Santa Catalina á dejar por babor la baliza que se colocará en el sitio denominado El Agujerado y regreso a la meta señalada por las banderas que más adelanta se especifican”. En las instrucciones de regata se especificaba la forma de salida y de la llegada: “…Todos los botes que toman parte se sujetarán por la popa al cabo general que estará tendido en la línea de salida, teniendo la vela recogida a la palanca. Al dar el tercer disparo soltaran sus respectivas amarras y se considerará comenzada la regata…” “…La meta estará constituida por una embarcación fondeada en un punto de la salida y estará provista de tres banderas, una roja, otra blanca y otra azul, la roja y la blanca para primero y segundo premio, respectivamente de la primera serie, y la azul para el premio de la segunda serie. Las embarcaciones vencedoras (primera y segunda de los botes mayores y primera de los pequeños) se considerarán como tales cuando hayan tomado las correspondientes banderas…” Como se puede comprobar, teniendo en cuenta los vientos predominantes de finales de verano era un recorrido en dos tramos, un primer tramo en popa o recibiendo el viento por la aleta, y un segundo tramo de ceñida. Dadas las dimensiones de las embarcaciones probablemente tardaron entre tres horas y media o cuatro en completar el recorrido de trece millas. En la regata participaron cuatro botes, “Perojo”, “Inocente”, “La Mañana” y el “Cedrón”, ganando el “Perojo”, quedando segundo el “Cedrón”. Curiosamente el mismo día se verificó un desafío entre los botes de “Morán” y el “Leopoldo Matos”, perdiendo este último mucho tiempo al quedarse varado en las playas de San Cristóbal. El 24 de septiembre ganaría un concurso el bote “La Mañana”. El 22 de octubre de 1911 el “Doctor Chil” vencería al “Perojo”, este bote volvería a ganar en regata verificada el 5 de noviembre.

Los desafíos entre botes se alternaban con las regatas organizadas por el Real Club Náutico, como refleja la prensa de la época. Al contrario que los concursos, en los que participan varias embarcaciones regateando normalmente en dos rumbos respecto a los vientos alisios, en empopada y en ceñida, los recorridos para los desafíos se ejecutaban estrictamente de sur a norte, en contra del alisio, siendo la salida en la Playa de Jinámar o El Agujerado, lugares más al sur y menos azocados que la Marfea y estando la llegada emplazada en un punto entre el Muelle de Las Palmas y el Puerto de La Luz. Sin duda fue así por la mayor dificultad que implicaba la navegación en ceñida, en contra del viento, los recorridos variaban dependiendo de la intensidad del viento, pero podían llegar a tener 8 millas de longitud, completarlos sin incidencias era ya un reto digno de elogio. Durante 1912, el 14 de julio, el “Perojo” ganaría al “Cedrón” tomándose la revancha el “Cedrón” el 25 de julio. Finalmente, el 18 de agosto ganaría el “Cedrón” el desempate.

A continuación, se adjunta una relación de los botes que se inscribieron en el Registro de Buques de la época. Es conveniente aclarar que no todas las embarcaciones se inscribían, seguramente por falta de control administrativo al respecto. Las  dimensiones que se muestran son las que se registraban, y a partir de las cuales se calculaba el arqueo o cubicación de las embarcaciones. Las esloras de arqueo se tomaban al canto alto del forro exterior, la manga por dentro de la tablazón y el puntal verticalmente desde el canto alto de la quilla hasta la cinta. A la vista de las medidas se puede afirmar que las esloras de “medición” de los dos tamaños de botes que competían entre 1903 y 1912 serían cercanas a 5.5 metros (“Agustín”, “Joven Antonia”, “Doctor Chil”, “Inocente”) y a 6 metros de eslora (“Perojo”, “La Amistad”), medidos, como se ha comentado y casi con total seguridad, entre los alefrices de roda y del espejo, de “bocaestopa” a “bocaestopa”, dejando el ancho del espejo y la parte de la roda a proa del alefriz, la “albitana” fuera de la eslora.



Botes de recreo o de regatas inscritos en el Registro de Buques de Las Palmas hasta 1910. Elaboración propia.

La gran crisis originada por la Primera Guerra Mundial.

El “Diario de Las Palmas” de 30 de junio de 1913 se hacía eco de lo siguiente: “El próximo venidero Domingo se celebrarán las pruebas del velamen que ha de usar en las regatas de este año el bote “Perojo». Probablemente se celebrará el tercer domingo del venidero Julio la primera de las tres regatas que ha de celebrar dicho bote con el «Cedrón». Para ello solo faltan algunos detalles que se esperan han de ser fácilmente resueltos. El que gane la mayoría de ellas ganará a su vez la apuesta de 2 500 pesetas. Entre los aficionados a este “sport” reina bastante entusiasmo.”. Los desafíos citados no se celebraron. El 22 de agosto el mismo diario publica: “Proyéctanse celebrar unas regatas de botes, por los partidarios del de “Moran”. Dichos partidarios nos manifiestan que su iniciativa tiene el fin de evitar que termine la actual temporada sin haberse verificado regata alguna. Tomarán parte en ella, el Agustín, Inocente, Perojo, Amistad, y alguno más que se inscriba con las condiciones propuestas por el Club Náutico el último año. La apuesta proponen que sea de 100 a 250 pesetas y las regatas tendrán lugar el día 8 del próximo mes de Septiembre, bajo la dirección del Club.”. No obstante, no se tiene constancia de que al final las competiciones se celebraran.

En 1914 no se realizaron regatas. La crisis económica en el puerto, y por ende en la ciudad, a raíz del comienzo de la Primera Guerra Mundial y el subsiguiente descenso del tráfico portuario, quizás estuvo detrás del declive de las regatas de botes de vela latina. Los partidarios y representantes de las embarcaciones no podían depositar el efectivo de las fianzas para cubrir las apuestas que se proponían. Mantener las embarcaciones con un mínimo nivel competitivo también era costoso, sobre todo para atender a desafíos con apuestas en juego.

Conclusión.

La que podemos denominar la "primera época de la vela latina canaria en Las Palmas" empezó a principios de siglo y acabó por la crisis que produjo la Primera Guerra Mundial, duró apenas una década.

Anteriormente habían existido botes de regata o de recreo, desde 1866, construidos en los varaderos de San Telmo por varios carpinteros de ribera, Antonio Pérez Ruiz, Agustín Márquez Alemán, Nicolás González y Camilo Miranda, entre otros (Ver el artículo de este blog "Así empezó todo. 1.- Los botes de vela latina canaria." de 4 de mayo de 2016). A ellos se debe la fusión que está en el origen del deporte, aunar el bote de trabajo, con espejo, y la vela latina utilizada en los barquillos de pesca. Además se completaron algunas regatas en las fiestas de la ciudad durante el siglo XIX (ver "El origen competitivo de los botes de Vela Latina", de Moisés Morán Vega).

De todos los eventos deportivos celebrados en el periodo estudiado, el elegido como "origen de la vela latina" por la Federación a partir de la investigación de Juan Cabrera Santana, Baluma, no reúne ninguna de las características de modalidad cuando se consolidó la competición tal y como la conocemos en los años 30 del siglo XX; la primera pega casada en un recorrido exclusivamente contra el viento fue en 1906, así como la elección de la Mar Fea como punto de salida, configurándose el resto de las características que se mantienen en la actualidad en el segundo periodo de este vernáculo deporte, el cual hemos tratado recientemente en el blog en los siguientes artículos:

"El renacimiento republicano de la vela latina canaria en Las Palmas. 1931 - 1933." 16 de marzo de 2020.

"1934. El primer campeonato regular de vela latina en Las Palmas de Gran Canaria." 21 de marzo de 2020.

"Los botes de vela latina canaria y la guerra civil. 1935 – 1939." 30 de marzo de 2020.

"Los botes en la posguerra. 1941 - 1949." 8 de abril de 2020.

"Vela Latina Canaria de botes. Resúmenes y tablas. 1866 – 1945." 8 de abril de 2020.


Daniel Rodríguez Zaragoza. 23 de junio de 2020.

Nota: como se ha citado, este artículo amplía complementa al publicado en el blog el 9 de mayo de 2016. “De la Marfea al Boyón de la Campana. Y 2 .- Los botes de vela latina canaria.”

Bibliografía.

Jable. Hemeroteca Digital de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.

Varios artículos de la revista Canarias Turista. 1910-1911. Museo Canario.

Fedac. Fotos Antiguas de Canarias.

Archivos del Registro de Buques de la Capitanía Marítima en Las Palmas.



Comentarios

  1. Muy interesante el artículo, Daniel, aportando datos claros sobre el origen y evolución de los botes.

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  2. Tremendo artículo y enorme trabajo de documentación.
    No sé que debemos dar primero, si las gracias o la enhorabuena. En cualquier caso, ambas.
    Si tú, Daniel, disfrutas tanto elaborando estos trabajos como disfrutamos los que los leemos, disfrutarás de lo lindo.
    Cada vez nos haces estar más endeudados contigo. Habrá que ir saldando deudas del modo que corresponda.
    Reiterados agradecimientos.
    Salud.

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  3. Sí disfruto mucho haciéndolo y aún más cuando veo que otros también lo hacen. La "retroalimentación" anima a seguir investigando acerca de lo nuestro y divulgando desde esta humilde e independiente atalaya desde la que miramos al pasado. Saludos!

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  4. Buchito a buchito está gustándome la vela latina canaria, si sigues así, un día me voy a Gran Canaria a ver una pegada

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  5. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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