Un pique muy insular entre carpinteros de ribera.
Amanecía plácidamente aquel sábado de septiembre de 1860. El tiempo se presentaba inmejorable para dar punto y final a la obra que se había desarrollado durante los últimos meses. La expectación era máxima, en toda la ciudad de Las Palmas no se hablaba de otra cosa. Durante la mañana el público iba llegando a ver el acontecimiento. La gente se agolpaba en las azoteas de las casas próximas y en las playas de callaos adyacentes. No había banderas negras, no rompían las olas en la orilla, a mediodía la pleamar estaba en su punto álgido, la luna nueva y la época del año (equinoccio) facilitarían la maniobra. Se picaron los cabos y la fragata “Gran Canaria” empezó a deslizarse cogiendo velocidad hacia mar abierto, no obstante cuando bajo seis varas*, unos cinco metros, se detuvo, y ya no hubo forma de que se moviera, al parecer se había roto un trozo de la parte inferior de la quilla (la prensa hablaba sorprendentemente de putrefacción) y quedó enganchada a la grada sin que el barco pu...