jueves, 7 de abril de 2016

"Antecedentes" familiares.

Supongo que debo a mi padre, principalmente, el interés que tengo por los barcos y el mar. Era época de trabajo fiel, que mi padre consagró a una empresa, a la “oficina”, a la que yo iba, los sábados por la mañana, de pequeño, a garabatear en los reversos de aquellas bonitas postales de los lujosos, aunque otros no lo eran tanto, trasatlánticos que visitaban nuestro puerto. Subir y bajar por las estrechas escaleras de madera haciendo un ruido que hacía vibrar los cristales de las mamparas que dividían los diferentes despachos o mirar a través de la ventana de la esquina noreste del viejo edificio eran unos de mis pasatiempos favoritos mientras mi padre rellenaba columnas de números, cantidades escritas con caligrafía de otros tiempos.


Colección Juan Garrido López. Personal de la Casa Miller posando por la Coronación de la Reina de Inglaterra. 1 de junio de 1953 (mi padre es el que está más arriba).

La Casa Miller, símbolo extraño de mestizaje, resistencia y ubicuidad en el Puerto de La Luz y en una España que casi nunca, durante el convulso siglo XX, fue amiga de lo británico, sobrevivió a todos los embates y como un gigante camaleón fue engullendo muchos de los diversos intereses empresariales ingleses de la plaza hasta consolidarse como un grupo sólido que sólo cedió su empuje en los últimos años del siglo que dejamos atrás. Mi padre formaba parte de esa maquinaria, y como era costumbre en la época, empezó desde el escalafón más bajo (entró en la Casa gracias a mi abuelo, que ya era empleado de la misma, chófer), y terminó siendo un reconocido jefe de contabilidad en la consignataria, y la llamamos así puesto que aunque las actividades fueron muchas y diversas durante décadas la de la consignación fue siempre el eje alrededor de la que orbitaban las demás. Y sí, mi padre era también algo inglés.


Colección Daniel Rodríguez. Personal de la Casa Miller viendo el eclipse de sol de 2 de octubre de 1959.

Su afición fuera de la “oficina” eran los barcos y faltaría más, la vela latina, deporte que albergaba las entrañas de un puerto más amable que el actual. Los fines de semana me llevaba, en su Austin 1100 (un coche británico, no podía ser otro), a ver las regatas. Aprendí el correcto uso del prismáticos desde muy joven y desde luego me sabía los nombres y los números de las velas de todos los botes, aunque el mío era el de la vela amarilla, el de mi barrio, el de las Alcaravaneras.


Colección Daniel Rodríguez. Fiesta de Navidad en el interior del Edificio de la Casa Miller. 24 de diciembre de 1962.


Colección Daniel Rodríguez. Los botes de vela latina y los barcos. La gran afición de mi padre. Fecha desconocida, probablemente años 70.

De mi abuelo por parte de madre no recuerdo, mientras estuvo en vida, gran cosa, pero entre esos pocos detalles si puedo entresacar la vez que mi padre me llevó al local donde él estaba haciendo un barquillo de madera, de los canarios de dos proas. Seguramente esa fue la primera vez que pisé una carpintería de ribera, no sabía en aquel momento que visitaría muchas más a lo largo de mi vida profesional. Recuerdo también que la carpintería estaba por el Refugio, aquel era el ámbito de acción de mi abuelo, que lo mismo hacía un barquillo, que una chalana de fondo bote, que se dedicaba al cambullón, o que, como me dice mi madre, corría a la azotea de la casa familiar en la calle Padre Cueto a trasladar las mercancías almacenadas antes de que los agentes de la autoridad de la época se la confiscaran. 


Colección Daniel Rodríguez. Copia del registro como vendedor marítimo de mi abuelo. 28 de mayo de 1927.

Sin duda supongo que quizás su vida se podía definir como de bohemia (o algo que se le podría parecer) portuaria en aquel variopinto istmo lleno de gente de fuera que en poco tiempo hizo suyo el Puerto y la ciudad de Las Palmas a principios del siglo XX. Por ejemplo, mi bisabuelo, también cambullonero, llegó a las islas procedente de Alicante, creo que de Torrevieja. La familia de mi madre, de Agaete. Con el tiempo me enteré que otro bisabuelo mío era tripulante de aquellos remolcadores de vapor que asistían las entradas y salidas de los buques de la época pero no era de extrañar, todos vivían, o en algunos casos malvivían, del Puerto y sus actividades, del comercio, de los varaderos, del carbón, de la ceniza, todo se aprovechaba en aquellos años, no existía el derroche.


Colección Daniel Rodríguez. Copia del registro como vendedor marítimo de mi bisabuelo. 17 de febrero de 1932.


Colección Ezequiel Sánchez Zaragoza. Carnet negro de mi tío abuelo. 28 de ? de 1956.


www.facebook.com. Foto publicada por Alfonso Mendoza compartida en Fotos Antiguas de Canarias. La embarcación Juana de mi bisabuelo, con el folio 1821, trabajando en el puerto de La Luz en los años 30. Probablemente la persona que está en la proa sea mi abuelo.

Con estos antecedentes no resultó raro que me gustaran los barcos y todo lo que se relacionara con ellos, mi interés por la historia marítima en Canarias ha crecido exponencialmente y la publicación de este blog es prueba de ello.


Pretendo actualizar el blog periódicamente desgranando los temas que más me gustan sobre las áreas en las que humildemente creo que puedo aportar algo y captar el interés de los posibles lectores. Existen estupendos ejemplos de blogs de temas marítimos canarios en la red, mi aportación se complementa con los existentes porque pretendo tocar aspectos que no se han tratado antes o que no han sido abordados con el suficiente rigor o profundidad. Espero que disfruten de los contenidos y ¡saludos para todos! DRZ. 07/04/2016.

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