martes, 21 de junio de 2016

La saga de los Hierro.

En el pueblo del Cotillo todo el mundo conoce a Ildefonso Hierro Rodríguez. Cuando pasaba por allí en los alrededores de su casa siempre solía observar aparcadas, y he dicho bien, aparcadas, en la vía pública, algunas embarcaciones, ya fuera porque estaban recién construidas o porque tenían que ser reparadas. Es la historia de Ildefonso la de una profesión, la carpintería de ribera, que se transmitió de padres a hijos durante más de un siglo,  y desde luego un caso único en la isla de Fuerteventura.


Colección Ildefonso Hierro Rodríguez. Ildefonso Hierro Rodríguez trabajando en su taller de carpinteria de ribera.

El bisabuelo de Ildefonso, José María Hierro Garrido, llegó de Huelva y era el encargado del faro de Jandía, el “torrero”. Parece que fue a finales del siglo XIX cuando José, junto con su hijo Santiago Hierro Viera empezaron a hacer "barquitos" de pesca, como se denominaban en la época, eran embarcaciones pequeñas, para trabajar cerca de la orilla.



Registro de Buques de Las Palmas. Folio 322 de la tercera lista. Don José Hierro Garrido construye la embarcación "María" para él mismo en 1893.


Registro de Buques de Las Palmas. Después de varios años sin registros, en 1905 se regularizaron, matricularon, las embarcaciones de pesca construidas en Fuerteventura y se les asignó un folio de la lista tercera de la matrícula de Las Palmas, la número 507 en 1905, la "María", (de nuevo) fue la primera de las regularizadas en la que aparece José Hierro como constructor. En el Distrito de Fuerteventura no se matricularían hasta 1920.

Por aquellos tiempos las embarcaciones se medían en “varas”, “cuartas” y “jemes” (*) y las más grandes de las construidas tenían apenas 5 o 6 varas. Su medio de propulsión era el remo y la vela latina, aprovechando el viento casi constante que sopla en Fuerteventura. Los motores no llegaron a la isla hasta la década de los 50 del siglo XX y muchas de las antiguas embarcaciones se adaptaron para albergar la maquinaria y para dar cabida a la hélice en la popa, reformando el codaste y creando un hueco o “puente”.


Colección Daniel Rodríguez Zaragoza. El "San José", realizado por Santiago Hierro Fránquiz en la década de los 60 del siglo XX, es un superviviente en nuestros días, ejemplo del pequeño barquillo de Fuerteventura, embarcación abierta de escaso porte y con un motor propulsor refrigerado por aire. Morro Jable. 2016. 

A Santiago Hierro Viera le sucedió su hijo Santiago Hierro Fránquiz, padre de Ildefonso. Sobre 1983, de la mano de su padre, Ildefonso empezó en el oficio, continuando su actividad hasta la actualidad.  Con un siglo de experiencia la familia Hierro perfeccionó el modelo de la pequeña embarcación de pesca artesanal. El conocimiento de lo que necesitaban los pescadores y la adaptación a las condiciones meteorológicas de la isla bastaban para conseguir los modelos adecuados a las necesidades existentes. No se hacían planos, los cascos se conformaban con armaderas (listones de madera que se colocan provisionalmente) a partir de unas pocas cuadernas y la estructura de la crujía, (el conjunto de la roda, la quilla y el codaste). Se hacían embarcaciones óptimas para el uso del remo, o para la navegación a vela. Más adelante los barquillos de pesca fueron aumentando de tamaño y las formas se fueron adaptando al empleo de motores de mayor potencia.


Colección Ildefonso Hierro Rodríguez. Santiago Hierro Fránquiz trabajando en una embarcación con dos cuadernas montadas sobre la estructura de crujía. Se observan las armaderas dispuestas longitudinalmente.

Si tenemos en cuenta el aislamiento que históricamente ha sufrido la isla de Fuerteventura, podemos imaginarnos lo arduo que sería construir una embarcación en la primera mitad del siglo pasado. Por un lado tenemos que considerar la no existencia de madera en la isla, normalmente la aportaba el armador de la embarcación que se iba a construir,  se traía de La Palma, Tenerife o Gran Canaria, la madera de “ligazón”, que se preparaba con un grosor determinado y distintas curvas y longitudes  procedente de ramas y troncos de árboles podados y talados, era de laurel, moral o eucalipto (se empleaba para la roda, el codaste, las cuadernas, etc.), y las piezas largas, para la quilla y la tablazón solía ser de pino canario, pero si la cosa se ponía fea se aprovechaba el tarajal blanco (pequeño arbusto local, se utilizaba al menos en piezas de escasa escuadría, dimensiones), que sí servía, puesto que el tarajal rojo no era una madera apta para la construcción de embarcaciones. De vez en cuando el mar aportaba algún regalo, alguna pieza de madera que quedaba varada en las costas expuestas de la isla y que, si no estaba en malas condiciones, se reciclaba y se reutilizaba para crear una nueva embarcación. Cualquier otro elemento necesario para construir el barquillo venía de fuera, la clavazón, pinturas, etc.


Colección Ildefonso Hierro Rodríguez. Santiago Hierro Fránquiz en el taller de carpintería de ribera junto a una embarcación a medio entablar.

Y aunque la madera pudiera venir preparada, los Hierro no utilizaron herramientas eléctricas manuales, extensivamente, y fijas, hasta los años 80. Todo se ejecutaba manualmente, desde dar “obra” a una tabla con la azuela (dar forma a una tabla del forro del casco para adaptarla a la de la cuaderna) a taladrar el codaste para dar cabida a la bocina y al eje del motor, por poner un par de ejemplos.


Colección Daniel Rodríguez Zaragoza. Embarcación recién construida en el Cotillo, en el exterior del taller de Ildefonso Hierro Rodríguez. Año 1997. Se observa la característica forma de la roda.

En los tiempos actuales la madera preferida y empleada en toda la construcción es la morera (iroko) de importación. Ildefonso Hierro se ha adaptado a los tiempos y también construye embarcaciones de fibra, poliéster reforzado con fibra de vidrio, y ha adoptado el gusto canario por esas proas abanicadas que en las islas llamamos “bermeanas”, por ser de ese municipio vasco la matrícula de los primeros barcos que aparecieron en las islas con esas formas. No obstante se pueden identificar muchos de los pesqueros construidos por Ildefonso y su padre al examinar el perfil de sus barcos, con sus características rodas con dos “tiros” o inclinaciones bien diferenciados, tal y como se observa en las fotos anteriores.


Colección Daniel Rodríguez Zaragoza. Embarcación recién construida en el Cotillo, en el exterior del taller de Ildefonso Hierro Rodríguez. Año 1997. Con el aumento de las potencias propulsoras las embarcaciones se diseñan con más manga y con fondos más planos.

Se puede obtener más información acerca de la familia Hierro, de la construcción de embarcaciones y de la pesca artesanal en Fuerteventura en el Museo de la Pesca Tradicional ubicado en el edificio del faro del Tostón, cerca del Cotillo, perteneciente a la Red de Museos de Fuerteventura del Cabildo Insular.

Agradecimientos: a Ildefonso Hierro Rodríguez por aportarme buena parte de la información que se incluye en el presente artículo.

(*) Varas, cuartas y jemes son unidades de medida usadas por los carpinteros de ribera con anterioridad a la utilización del sistema métrico y en algunos casos hasta bien entrado el siglo XX. Una “vara” son 84 centímetros aproximadamente, la “cuarta”, unidad de medida antropométrica que mide la distancia entre el dedo pulgar y el dedo meñique con la mano extendida, aproximadamente 21 centímetros. El “jeme” mide la distancia entre el dedo pulgar y el dedo índice con la mano extendida y son aproximadamente 12 centímetros. Fuente: www.wikipedia.org.

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